Carmen Garibay, primero me contó el relato, después me obsequió el libro. Siendo un admirador profuso de Gabriel García Márquez (Gabo), confieso que desconocía la historia del libro póstumo de tan ilustre colombiano: “En agosto nos vemos”.
Conocí a García Márquez siendo un adolescente, cuando la profesora de literatura nos pidió leer “El coronel no tiene quien le escriba”, desde entonces me atrapó su magia literaria para acompañarme en este viaje de la vida con su ingente obra. García Márquez o Gabo como se le conocía, fue un encantador de serpientes, el mago de la literatura hispanoamericana contemporánea y demás, porque todo lo que pudiera decirse o escribirse de él, ya está dicho. Se volvió inmortal de las letras universales.
Sin embargo, la historia de “En agosto nos vemos” me resulta cautivante, como en muchos de los casos, los escritores poseen tantos borradores como esbozos de libros que nunca nacieron a la vida literaria; tal es el caso que años antes de la muerte de Gabo, él ya tenía el boceto que nunca perfeccionó, eso es evidente a la lectura del libro, existen vacíos, lagunas y hasta ciertos disparates no propios de un Nobel. La memoria y capacidad cognitiva de Gabo, al final de su vida ya eran intermitentes.
Sus hijos, su editor y fundamentalmente su secretaria Mónica Alonso resultaron determinantes para afinar el texto y publicarlo hacia 2024; la crítica no se hizo esperar ya que publicar un libro contra la voluntad de su autor deviene sin duda en problemas éticos. La historia juzgará a todos ellos, al autor y a sus lectores.
Pero la narrativa del libro resulta en sí misma polémica, pareciera un discurso sobre la liberación femenina vista a través de la libertad sexual de la protagonista: Ana Magdalena Bach (el Magdalena responde sin duda al simbolismo bíblico), una mujer madura que, siendo casada, inicia una historia de infidelidad anual en sus visitas a la isla donde yacen los restos de su madre; lo que se convirtió en el pretexto ideal para saciar su placer; un desahogo furtivo con hombres distintos. Más, menos, es la trama de la obra, que sin ser la mejor de García Márquez, se rescatan varios pasajes poéticos y frases avasalladoras, como aquella de que Ana Magdalena poseía “unos ojos de topacio hermosos con sus oscuros párpados portugueses” o “la algarabía de los pájaros y el vuelo fantasmal de las garzas en el remanso de la laguna interior…”
Con este libro, hay críticos que tildan a García Márquez de mostrarse como un obsesionado pueril, por el tratamiento que da a la libertad sexual femenina, concepto tan utilizado hoy en día por todos, especialmente por los juristas porque brota de las esferas sociales, políticas y morales del mundo como una idea revolucionaria surgida a modo de contracultura. La libertad sexual está rompiendo con los moldes y principios que rigen el matrimonio tradicional, e incluso las relaciones más abiertas. Con las nuevas ideas se está horadando la monogamia.
En la obra póstuma de Gabo se advierten los matices de esta tendencia en un mundo donde comienza a propalarse la idea que prohíbe la exclusividad sexual, como nueva forma de ejercer las relaciones amorosas.
Hemos rebasado el primer cuarto del siglo XXI, en México como en el mundo comienzan a adoptarse nuevas estructuras de organización de la familia que como institución jurídica y social ha adoptado distintos modelos más acordes a nuestros vínculos y roles sociales. La búsqueda de la igualdad sustancial para la mujer tiende a la deconstrucción de los roles tradicionales de género, busca autonomía financiera, libertad sobre su cuerpo y formas de acceder al poder. Ha sido la historia de la lucha feminista, que aún no encuentra su culmen, ni en las normas jurídicas ni en la igualdad sustantiva tan anhelada.
El libre desarrollo de la personalidad da paso a una nueva libertad sexual para todos, pero en especial para las mujeres, quienes en la historia han estado en vilo por su soberanía corporal y aún quedan senderos por recorrer. En la obra póstuma de Gabo se advierten los matices de esa libertad.
Me parece que el contenido central de la obra de García Márquez es el amor, tanto como la soledad, sin embargo “En agosto nos vemos” rompe con el paradigma tradicional de su enfoque, tal y como se atisba en su último libro publicado “Memorias de mis putas tristes” con una temática de lo que muchos llaman “placeres insanos”
En el libro que comentamos se rompen las reglas de la fidelidad matrimonial en aras de libertar a la mujer. Ana Magdalena Bach, ama de casa y esposa, se vuelca en una seductora sutil para lograr su “One Night Stand” sin caer en la promiscuidad porque lo hace de una manera sutil.
El amor de la era victoriana ha quedado muy atrás, ese amor en que la sexualidad se constreñía a la alcoba del matrimonio y con meros fines reproductivos, no de placer, mucho menos de erotismo, algo de lo que reflexiona Foucault en su “Historia de la sexualidad”; eran épocas de sometimiento, hoy la libertad sexual de la mujer, en aras del libre desarrollo de su personalidad se convierte en dilema jurídico, político y moral producto también de batallas incansables.
Diez años después de su muerte García Márquez, nos hace pensar no solo sobre el amor, el deseo o la soledad, sino que nos lleva al mundo libre de la mujer Gabriel García Márquez, el “desalmado” escritor, partió, dejándonos un libro póstumo en donde para infortunio de muchos sembró el germen de la infidelidad femenina, sin que ello estigmatice en modo alguno esa libertad corporal a la que bien tienen derecho todas las mujeres.
Mario Eduardo Navarro Cabral





